La privatización fantasma de la Loteria Nacional

En muchas ocasiones en este blog os hemos comentado la finalidad de la Loteria Nacional. Desde sus inicios ha sido una medida recaudatoria para el gobierno español. En tiempo de crisis, además, el ejecutivo español se dio cuenta que gestionar esta organización, ya tradicional en nuestra historia, era muy caro. En 2011, el entonces gobierno socialista decidió iniciar la maniobra para privatizar Loterías y Apuesta del Estado como medida adicional para intentar reducir el amplio déficit que nos condujo a la crisis económica que justo ahora empezamos a superar.

El gobierno abrió un concurso público en 2010 y asignó el banco londinense Rothschild como asesor de la operación. También contaron con la ayuda de Pricewaterhouse como asesor estratégico. Tras 250 años de gestión pública exclusiva, la gestión de la lotería podría pasar a mandos privadas.

Esta privatización iba a ser récord para la administración española. Esta Oferta Pública de Venta (OPV) hubiera supuesto, hasta la fecha, la más alta de la historia.  El 30% de la sociedad se quería lanzar a Bolsa, otro 40% sería para las instituciones (incluidas las internacionales) y el otro 30% para los minoristas. El total de títulos ascendía a más de 375 millones a un precio de 10€ cada uno.

la loteria nacional estuvo a punto de salir a bolsa

 

Pero un día, de repente, la operación se fue al garete.

Sin previo aviso, una de las salidas más esperadas de la historia para los “lobos españoles” de Wall Street se esfumó. El ejecutivo de entonces alegó que, pese a todo el jaleo que habían montado, la operación no les salía a cuenta y no veían posible ingresar con los 8000 millones de euros que habían planeado.

La verdad es que para los expertos fue un fiasco, porque esta salida es una de las más esperadas en el parqué. Los encargados de la operación aseguraron, en 2011, que se retomaría la operación cuando las circunstancias y el contexto fueran más favorables, pero la verdad es que hoy en día aún no se ha vuelto a desenterrar la propuesta.

Tenemos que reconocer que, aunque la operación fuera un fracaso, el eslogan para captar compradores fue todo un acierto: “Si hay algo seguro es que la gente nunca va a dejar de soñar”.