Los niños del gordo de la suerte

 

Niñas del Colegio de San Ildefonso cantando un sorteoDiego López es el responsable de que, año tras año, los niños de San Ildefonso sean los responsables de extraer los números del bombo y cantar el gordo de Navidad. Él fue el primero en recitar los números, con el peculiar tono que todos tenemos en mente, un 9 de marzo de 1771. Y desde entonces, conseguir el tono y la pronunciación perfectas es la actividad extra escolar preferida de todos los estudiantes del colegio.

La verdad es que el de Navidad tendría que ser para ellos un sorteo común, ya que estos niños también son los encargados de los sorteos de la Lotería Nacional ordinaria de la LAE, pero la expectación, tanto mediática como social, aumenta exponencialmente cada 22 de diciembre. Por ello, los elegidos para sacar todas las bolas se preparan concienzudamente dos meses antes del evento.

¿Porqué los niños de San Ildefonos?

Simplemente por tradición. Desde que en 1771 Diego López cantara los números ganadores delante del fundador de este juego de azar, el Rey Carlos III, nunca más se ha cambiado. A modo de recompensa económica por los servicios prestados, el gobierno le dio al colegio 500 reales (una cantidad muy considerable hace más de 240 años) y que sirvió a la escuela para mantener a todos los huérfanos.

 

El colegio del Gordo de Navidad
Interior del Colegio de San Ildefonso

El Colegio de San Ildefonos, ha sido siempre un orfanato que ha dado cobijo a los niños mas desfavorecidos. Aunque actualmente hay niños que no duermen en el recinto, la mayoría de ellos residen en el histórico edificio. Situado en el corazón de Madrid, fue fundado en el siglo XV como una institución pagada por el Ayuntamiento para acoger a los infantes sin recursos ni familia.

Actualmente, además de ser un orfanato, también es un centro donde se imparte la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y sigue estando subvencionado en su totalidad por la administración pública. La orfandad ya no es un requisito básico para acudir a San Ildefonso, pero la escuela solo acepta niños con pocos recursos y riesgo de exclusión social, condición que no les impide seguir repartiendo ilusión y sueños el día del Gordo de Navidad.